Vaya por delante que no soy muy aficionado al "cine español" y entrecomillo porqué nunca me ha gustado eso de encasillar al cine por nacionalidades, pero digamos que cuando hay un estreno en cartelera rara vez me llama la atención una película "española", y las pocas veces que lo ha hecho la cosa acabó en una fría decepción y con mi conciencia gritandome bien fuerte: -¡eso te pasa por ir a ver pelis españolas!.
Pero hay excepciones,y para ser sincero con vosotros cada vez más, y es que últimamentes hay buenas producciones de género, y cuando no son tan buenas al menos son honestas, por
aquí ya os hablé de
'Celda 211' de Daniel Monzón y no sería la única, Alberto Rodríguez, director de '
La Isla Minima' me encandiló con
'Grupo 7' una genialidad de thriller de acción en la Sevilla pre Expo 92, que para mí suposo la confirmación definitiva de que no toda película española es mala,y eso que por allí se paseaba Mario Casas, que no es que lo tenga yo en mi olimpo particular de dioses de la interpretación precisamente.
Tras la floja 'El Capitán América: El Primer Vengador' (Joe Johston, 2011), las ganas de servidor por ver al sosaínas de Chris Evans en pantalla se limitaban a ver cómo engarzaba esto con el resto de películas de Marvel Studios de cara a la segunda entrega de Los Vengadores...
Aún así, aquello de ver a Robert Redford, metido en una peli del superhéroe de las barras y estrellas, tenía un puntito morboso que me atraía, pero no cómo para gastarme los dineros en lo que a priori parecía un producto hecho rápido y sin ganas, para sacarle los cuartos al fandom ansioso de pelis del género.
Billy Wilder fue uno de los pocos directores capaz de tratar de temas serios, trascendentales si se quiere, en películas con premisas sencillas, en esta en concreto, estrenada en 1960, contaba la historia de Baxter, (Jack Lemon), contable en una gran empresa de seguros de Nueva York, que ha visto cómo aprovechar su soltería a la vez que saca jugo a su modesta vivienda, prestándola a sus jefes para que estos la utilizen para pasar el rato con sus amantes, despreocupados de quien pueda descubrirlos.